martes, 28 de febrero de 2012

Where the skies are so blue


    No creo en naciones de banderas, en independencias ni luchas. Ni en himnos de redención ni en mártires. Para mí el 4 de diciembre es un día más, y ni me gusta el flamenco ni soy especialmente dicharachero ni gracioso. Mi país no es el que sale en los libros de texto de primaria, ni tiene pasado moro.

      Mi país es una casa sin calefacción y olor a puchero. Es la ilusión vestida de amarillo y azul los domingos. Son los churros después de noches inolvidables y playa a las 4 de la tarde donde siempre. Es soñar bajo las estrellas de un camping con cerveza en mano. Mi patria es un amor de carnavales, un viaje furtivo a Sevilla y uno sin dormir a Málaga. Mi patria no baila sevillanas pero se le eriza el pelo en febrero. Mi nación es el sol en el patio de Filosofía y Letras, y la risa que siempre ahoga las lágrimas. Mi país es país de brazos abiertos y corazón generoso, y no entiende de extranjeros ni culturas.

      Mi patria es todo aquello que dejé atrás este septiembre, y es todo aquello que me hiela de miedo saber que podré perder, porque a mi nación el coraje que le falta delante del señorito le sobra con la maleta en la mano. Mi patria no es más que, al fin y al cabo, un recuerdo que habla con acento andaluz.


lunes, 7 de noviembre de 2011

21,8 % de orgullosa clase media

       El problema no es que pretendan reírse de nosotros con esta crisis, y sacar beneficio de nuestra pobreza y desesperación. El problema es que llevan años contándonos un cuento, en el que se supone que somos la clase media, la que vive como nunca ha vivido de bien y tiene todos los lujos al alcance. Nos aseguraron que hipotecarnos a 40 años era bienestar, que nuestra felicidad dependía de nuestra capacidad para comprar productos de apple y que las desigualdades e injusticias irían progresivamente desapareciendo de manera proporcional a las cifras de crecimiento macroeconómico. Que la era de las utopías ya finalizó, y las ideologías eran cosas del pasado. Y si en algún momento dudábamos, bastaba con encender la televisión y ver esos programas donde millonarios mostraban sus mansiones o señoritas del lumpenproletariado se hacían ricas y famosas por braguetazos. Al fin y al cabo, si sale en televisión es que es real, y si es real puede pasarte a tí, ¿verdad?

       Pero sin duda lo peor de todo no es lo que nos contaran. Lo peor de todo es que nos lo creímos. Nos creímos que éramos la clase media, la que había conquistado la democracia y el bienestar en los últimos 50 años de historia de nuestro país. Ahora que todo eso se está yendo a la mierda, ¿Qué nos queda? ¿Debemos seguir mirando para otro lado convencidos (o engañados) de que el cuento volverá a hacerse realidad, y volveremos a hacerlo nuestro? ¿Seguiremos viéndonos como clase media, o abriremos los ojos para darnos cuenta de que en realidad, antes y ahora, siempre fuimos los explotados, la escoria del mundo cuyo silencio y adormecimiento es esencial para que, por muchas crisis o bonanzas que haya, todo siga igual?


sábado, 28 de mayo de 2011

La supremacía del botijo sobre las ideas

      
     Fue Sócrates el que dijo aquello de "Los jóvenes de hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida y le faltan el respeto a sus maestros". La imagen de la juventud sistemáticamente siempre ha sido estigmatizada por quiénes sustentan el poder. Quizás la razón resida en que es más útil sostener una idea de una generación "ni-ni", sólo preocupada por beber y follar, a dar la imagen de la generación preparada y crítica, no vaya a ser que se crean que les corresponde un futuro que no van a recibir. La generación "ni-ni", la de mayor número de graduados y universitarios de la historia de España, paradójicamente, también será la primera generación que vivirá peor que sus padres: sin trabajo, sin vivienda y sin futuro. La explosión del #15m no es sólo una muestra de indignación hacia los sectores poderosos que se llenan el estómago mientras hunden al país, aquellos que dicen representar a una sociedad del voto y el silencio, que parece que es su idea de democracia. También, como diría un sabio pensador de cuyo nombre no quiero acordarme, "el obrero tiene más necesidad de respeto que de pan". Esta juventud además se ha levantado contra la desvergüenza de algunos que pretenden manipularnos y alienarnos en nuestro nombre. Se ha levantado contra su propia imagen y contra su propio adormecimiento. No es sólo un ejercicio de conciencia cívica, también de exorcismo colectivo de una imagen impuesta como sambenito. Porque, y aunque el movimiento del #15m pretende aglutinar a todos los sectores sociales e individuos descontentos con una forma caducada de hacer política, es en esencia un movimiento de jóvenes desheredados.

    Ahora bien, que la pureza de nuestras intenciones no nos ciegue, ni el devolver la pasión a la política nos haga comportarnos como enamorados. El movimiento del #15m es ante todo emocional, representa la frustración colectiva ante la realidad. La fortaleza del #15m reside en su inconcreción y su modelo organizativo asambleario (que permite no contagiarse del tufo autoritario y sectario que impregna a los partidos políticos), pero también su debilidad. Las asambleas deben de tener en cuenta que no sólo deben aspirar a representar a los que allí participen, sino a toda una sociedad indignada. Por eso considero un grave error el estancamiento en el mero asamblearismo y el debate infructuoso: este movimiento debe aspirar a cambiar al estado, y no a crear uno dentro de él. Debemos de tener en cuenta que todo lo que se hace en las acampadas tiene poder propagandístico, y la ciudadanía necesita verse representada bajo unas ideas y bajo una acción. Por eso dedicar las acampadas a talleres de cerámica, espacios de espiritualidad o comisiones de mediación de conflictos da lugar a una imagen que pudiera causar cierta repelencia, ya que se asocia incosncientemente a formas de entender la vida no compartidas por el grueso de los indignados, que no son todos los que pueden y quieren acercarse a las asambleas. Por eso veo necesario la concreción de unos ideales claros, definidos y que pudieran ser universalmente aceptados por la mayoría, basados en tres premisas compartidas por casi todos: transparencia y persecución de la corrupción, mayor participación democrática y gestión económica centrada en el beneficio de las personas y no de entes impersonales.

     Tarde o temprano llegará el momento de abandonar las plazas, y la indignación seguirá formando parte de nuestras emociones. Un movimiento que ha ocupado portadas en la prensa de todo el mundo y que ha movilizado a gran parte de un país no puede reducirse a un recuerdo de los que en el día de mañana, desde su cómodo asiento en el Parlamento Europeo, contarán batallitas de adoquines y carreras mientras abrazan al Botín de turno. Aunque en cierto modo sea pervertir la espontaneidad, considero que es necesaria una organización, más o menos amplia y que en ningún caso sea personalista que sepa actuar de una manera más eficaz que el horinzontalismo en los cauces de participación que esta imperfecta y limitada democracia nos permite. Evitaremos que esto se convierta en una versión kitsch del Mayo Francés. A nuestro favor están la razón y la justicia, y nuestras armas serán nuestra conciencia y nuestra unidad.








jueves, 17 de febrero de 2011

Españolito

Españolito que fumas, bebes, bailas y ríes. Españolito que apagas el cerebro y enciendes el televisor. Españolito que embistes. Españolito que gritas. Españolito caínita. Españolito que sales del bar sin pagar. Españolito que pides ticket al Río y te bajas en Hospital. Españolito que contratas en negro. Españolito que trabajas en negro. Españolito que defraudas a hacienda y pides becas para tus hijos. Españolito que compraste un piso a 15 creyendo que podrías venderlo a 30. Españolito revolucionario de salón. Españolito que desprecias al extranjero por ladrón. Españolito que te ríes del extranjero por honrado. Españolito que te emocionas con el último asesinato. Españolito que cambias de canal con el último genocidio.

Españolito, ¿Cuándo vas a despertar de tu santa siesta? ¿Cuándo te darás cuenta que tu redención no está en partidos de españolitos? ¿Cuándo serás consciente de una vez de que el mesías nunca llegará? En tu honestidad, en tu esfuerzo, en tu conciencia, en tu ambición, en tu solidaridad. Ahí estará tu salvación, nuestra salvación. Probablemente no la de nosotros, los españolitos de ahora, pero sí la de los del mañana.

Somos dueños de nuestro destino, y va siendo hora de empezar a asumirlo.



domingo, 16 de enero de 2011

The show must go on

         
      Después de toda desilusión sobra tiempo para lamerse las heridas. Tiempo para preguntarse por qué, tiempo para preguntarse si volverá esa ilusión. Reprochar, odiar y añorar. Sin embargo las horas siguen pasando, y mi respiración no se ha parado.
    
     Y creo que ya está bien de paños calientes y evasiones absurdas. Ha llegado el momento de ser consciente de que mi felicidad sólo depende y dependerá de mí, de no usar a nadie como parche de mis frustraciones. Mi destino es, al fin y al cabo, mi destino, y sólo yo podré escribirlo. Tener un gato y llamarlo Otto Von Bismarck, una maqueta de trenes eléctricos, ser un malvado y autoritario profesor de secundaria, conocer la momia de Lenin en el 2018, a ancianos tocando Dixie con su banjo en la Norteamérica profunda, volver a París y Londres, conocer Alemania, ser el primer gaditano en entrar en Best Corea, grabar un corto, grabar otro corto, nadar, correr, publicar un trabajo de investigación, escribir, tener una moto y pasear con ella en viejas carreteras comarcales, ir a la playa en invierno y bañarme...mis sueños sigien intactos, y estoy convencido (y si no lo estoy lo estaré) que con sangre, sudor y lágrimas podré con todos ellos.

     Es hora de dejar el pasado atrás, con cariño y sin nostalgias, y mirar hacia delante con esperanza y confianza. El show debe continuar, y más pronto que tarde estaré preparado para ello.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Buscándome enemigos


       La inmigración es positiva, y prefiero que un trabajo se lo gane el más apto independientemente de la nacionalidad. Igualmente, me parece que la gente que relaciona nacionalidad con un determinado comportamiento delictivo es, como poco, ignorante.
       Zapatero no está siendo un buen presidente, pero no es el mayor culpable de la crisis, ni es el culpable de la mayoría de problemas de los que se le culpan.
       Veo bien que un político cobre mucho dinero. Su cargo es de una gran responsabilidad y requiere un gran sacrificio.
       Odio a religiosos varios, sean de la secta que sean, que tratan de imponer sus creencias al código civil y a la sociedad en general.
       Pertenecer a una secta religiosa es absurdo, aunque no niego la existencia de dios. No somos capaces de conocer si hay algo "superior", por lo que cualquier fe en este caso es puro fanatismo.
      Me caen bien los malos del mundo en general (Chávez, Evo Morales, Castro, Putin, Kim Jong Il, Ahmadineyad, etc.) no porque esté de acuerdo con sus políticas o sistemas, sino porque me parece patético que haya gente que los critique sin saber que es el GAL o que tengamos partidos políticos ilegalizados. Es la doble moral política de los "buenos" y sus seguidores lo que me hace empatizar con el "malvado".
      Me cae bien Belén Esteban. No es más que una española del montón que se ha hecho millonaria porque, de repente, a personas con nada mejor que hacer les interesó su vida. Me parece estúpido que hayan personas que la insulten y demás sólo por eso: en todo caso habría que criticar al sector de la sociedad que lo ven como un modelo a seguir y que siguen su día a día como si su vida dependiera de ello. Es eso lo que falla, y no una persona que ha sabido aprovecharse de ello. En cualquier caso no veo como algo negativo la telebasura. Quien quiera cultura que lea libros, escuche música, vea películas, visite museos, etc.
      Si hay toreo, que vuelvan las peleas de gladiadores o el circo romano. Si lo que queremos es sadismo que se abra la veda. Lo mismo es aplicable al tema de las drogas: si el tabaco y el alcohol es legal, ¿por qué no la cocaína o la marihuana?. En el primer caso no estoy de acuerdo con la total permisividad, pero sí que estoy a favor de la plena legalización de drogas.
      Os pongais como os pongais, no hay nada más tonto que un obrero que pida recortes para controlar el déficit, que esté a favor del copago sanitario o del aumento en la edad de jubilación. En resumen, no hay nada más tonto que un obrero de derechas, o al menos de la derecha liberal (o izquierda liberal, que para el caso es lo mismo). No quiero decir que dichas ideas carezcan de legitimidad moral ni nada de eso, sólo que cada uno debe defender sus intereses ante todo. También vería tonto a un empresario comunista, por ejemplo.
      Odio los nacionalismos, aunque sí me considero patriota en tanto a que me identifico con este país. Al respecto, me parece de gilipollas atribuir todos los males de la humanidad a España, ignorando que la mayoría de nuestros problemas los compartimos con el resto del mundo desarrollado. Ni somos la repera ni somos una mierda, somos un país normalito dentro del grupo de los ricos. Y aunque odie los nacionalismos, si un día la mayoría de vascos o catalanes estuvieran a favor de la independencia, en su derecho están de conseguirla.
      Me repatea la psicosis social con respecto a la inseguridad. Niños y niñas, siempre ha habido asesinatos, robos y violaciones. Si aplicamos el código de Hammurabi seguirían habiendo asesinatos, robos y violaciones, si aplicamos la cadena perpetua seguirían habiendo asesinatos, robos y violaciones, si aplicamos la pena de muerte seguirían habiendo asesinatos, robos y violaciones, si impusiéramos un sambenito a los condenados seguirían habiendo asesinatos, robos y violaciones, etc. Además, y aunque no lo creáis, España es uno de los países donde menos asesinatos, robos y violaciones ocurren.
      No puedo con el intelectual barato, iluminado de veinte duros, que se ve con la inmunidad moral de llamar "borregos" a todos los que no están de acuerdo con sus tonterías. Es más, dejarse arrastrar por la opinión de la mayoría no tiene que ser del todo negativo.
     Odio, también, a los miembros de tribus urbanas que se piensan que su tribu es mejor que otra: al cani que desprecia al pijo, al pijo que desprecia al friki, al friki que desprecia al emo. Todos locos.
     Me parecen imbéciles los que van de "yo no soy homófobo, pero odio a las locas". Es decir, que uno sólo puede ser gay si no lo parece, ¿no?
     Los que van pregonando como ideal de hombría tirarse a 2 chicas cada fin de semana y llaman guarras a las que hacen lo propio me parecen sencillamente retrasados.
     Me parece repulsiva toda esta tontería del "carpe diem", que denota hedonismo infantil. Hay cosas más allá del disfrute superficial que también reportan satisfacción y felicidad.
     No puedo con el gaditano "default", que siente la necesidad imperiosa de ser gracioso las 24 horas del día 365 días del año. La vida no es un concurso de "El Club de la Comedia".
     

      Odio verme reflejado en alguna de las cosas que odio.

lunes, 12 de julio de 2010

El valor de un grito

          Cuando a veces se habla del deporte rey, el fútbol, quizás se obvíe muchas veces su valor terapéutico. Millones de personas que, delante de un televisor o en un estadio, consiguen evadirse de sus frustrantes rutinas de hipotecas y deudas pra formar parte de un teatro de héroes y villanos, de una ilusión superflua que no solucionará ninguno de sus problemas. Explicar por qué un deporte aburrido en el que 22 personas divididas en dos equipos luchan por dominar un balón sin el empleo de los brazos consigue hacer feliz por unas horas a tantísima gente supera cualquier tipo de explicación lógica. Pero no sólo de lógica está hecha la vida.

           Por eso cuando cuando el fino mediapunta Iniesta (aka Inieste, lo puto gusiluz) marcó en el 116 a pase de Cesc el gol que dio a la selección su primer mundial, el grito, mi grito, significó un exorcismo. Todo un año de despedidas, falsas ilusiones, derrotas, decepciones y resignación, mucha resignación, pasó por mi cabeza. Toda la mierda y la tensión acumulada de un año que no ha sido el mejor de mi vida y que, para bien o para mal, me ha marcado como persona, salió con el grito desencajado y furioso de un gol que los amantes de este deporte recordaremos todas nuetras vidas. Un grito que fue algo más que una celebración, un grito que sonó a ajuste de cuentas.

           Sin embargo, no he olvidado que mientras los verdaderos ganadores disfrutarán de vacaciones millonarias por su victoria rodeados de guapas modelos y todo tipo de aduladores, nuestros problemas, los de los perdedores que componemos el grueso de los aficionados del fútbol, seguirán ahí, y que todo esto no es más que un espejismo de alegría, mientras me encuentro aquí, a tomar por culo de mi casa y con cuatro desconocidos. Pero no es menos cierto que estoy en una de las más maravillosas ciudades del mundo y con cuatro personas encantadoras. Todo es cuestión de aprovechar el exorcismo para no caer en la desesperanza y la frustración, y de no dejar que los fantasmas vuelvan. De que un simple grito cambie mi vida.